domingo, 3 de febrero de 2013

CAP 8º

Llevábamos ya un rato en el coche cuando llegamos a la casa de Justin. Allí era donde nos esperaba Pattie, una mujer que se había comportado como mi madre. Justin abrió la puerta.
-¡Ya estamos mamá!-gritó.
-Ya voy, hijo-respondió su madre desde la cocina.
Apareció Pattie, tan guapa como siempre, no había cambiado en absoluto, seguía como la recordaba.
-Hola-sonreí.
-Hola, soy Pattie-empezó a decir la mujer.
-Ya te conoce, mamá-la interrumpió Justin.
-No seas borde-le regañé y él me miró con cara de cachorrito degollado.
-Disculpa, cariño, pero no te reconozco...-dijo Pattie.
-Es normal, está muy cambiada... Más guapa-dijo Justin-Pero le encanta el morado... Es adicta al morado... Creo...-
-¡Anna! ¿Eres tú?-
-Sí-dije con cierta tímidez.

*FLASHBACK*
Justin y yo llegábamos del parque, los dos llevábamos nuestras pulseras moradas, nos las habíamos hecho ese mismo verano. Al llegar a casa de Justin, Pattie estaba haciendo una ensalada.
-¡ESA ENSALADA LLEVA MORADO!-grité al verlo.
-¡ES VERDAD!-gritó también Justin.
-¡QUEREMOS PROBARLO!-grité de nuevo.
-Vale chicos, pero en serio, os gusta demasiado el morado...-
-¡Qué va!-dijimos a la vez.
-Sí sí, pero si no os gusta no os lo tenéis que comer... ¿Sí?-
-Nos gustará-dijo Justin.
-Todo lo morado nos gusta-sonreí yo.
-Estais obsesionados... Vuestra sangre se volverá morada-bromeó Pattie.
-Estaría bien... Sería divertido-reí.
-Cariño... Creo que sois adictos al morado... Muy adictos...-
-¡Sí!-gritamos Justin y yo chocando los cinco.
*FIN DEL FLASHBACK*

-¡Cuanto tiempo!-gritó Pattie y corrió a abrazarme.
-Sí, os he echado muchísimo de menos-dije devolviendo su abrazo.
-¡Abrazo colectivo!-dijo Justin uniéndose al abrazo.
Estuvimos abrazados unos minutos, Pattie derramaba algunas lágrimas de la emoción, realmente no había ninguna persona que la alcanzara a dulzura.
-Mamá, también tenemos que darte una buena noticia-sonrió Justin.
Le miré para asegurarme de lo que le quería decir a su madre. Le diría que salíamos.
-Dime, hijo-
-Bueno... Es que Anna y yo... Después de reencontrarnos...-comenzó a decir.
-Nos estuvimos sincerando-le ayudé.
-Y resulta que los dos estabamos...-siguió
-Enamorados-continué.
-Entonces... Estamos saliendo-sonrió Justin.
-¡Me alegro mucho por vosotros!-nos abrazó de nuevo.
-Yo creo que somos muy monos juntos-dijo Justin.
-Y lo sois hijo, Anna, no sabes cuantas veces Justin se tendió a llorar en la cama porque no volvías, o porque no le respondías a las cartas...-dijo Pattie.
-Mamá-se quejó Justin.
-Eres muy dulce-le miré a los ojos y él me besó, de nuevo dulcemente.
-No es por meterme en tu vida, pero... ¿Por qué no volviste, Anna?-preguntó Pattie.
-Mis padres...-comencé a decir, pero un nudo se formó en mi garganta luchando con mis palabras, impidiendo que salieran.
-Sus padres murieron-respondió Justin por mí.
-Un miércoles, un mes después de mi último día aquí...-continué con el nudo todavía en mi garganta.
-Oh, lo siento muchísimo, no tenía que haber preguntado-se arrepintió Pattie.
-Tranquila-dije tomando aire.
-Mamá, nos subimos a mi cuarto, ¿vale?
-Tranquilo, adiós Anna, a sido un placer volver a verte... Y lo siento mucho...-dijo Pattie.
-Tranquila-dije de nuevo.
Subimos al cuarto de Justin y nos sentamos en la cama, en silencio.

NARRA JUSTIN

Subimos a mi cuarto y nos sentamos en la cama, Anna empezó a derramar lágrimas, y no pude evitar abrazarla.
-Tranquila... Respira...-comencé a decir.
-Mi vida ha sido una mierda desde ese miércoles... Justin, prométeme que no dejarás que me hagan daño si me encuentran, prométemelo...
-Te lo prometo-
No sabía a qué se refería, no del todo, aunque la protegería de todo, de todas formas, aunque no saliéramos, o aunque no me lo contara todo.
-Te quiero-susurra.
-Yo aún más-
-No digas mentiras, capitán-
-No miento, soldado...-
Me calló besándome, suavemente. Me encantaba cómo lo hacía, le daba igual quién besara a quién con tal de que nuestros labios se juntaran, todo era de color multicolor a su lado. Ella era, simplemente, genial. Todo lo que me gustaba, ella lo tenía, sus defectos eran los puntos que la hacían especial... Me daba igual quién lo supiera y quién no. Me daba igual quién nos apollara y quién no. Mientras estuvieramos juntos, todo sería bueno, genial.

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